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  • Foto del escritorLaura Castellanos

El apoyo emocional y la interdependencia

“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”

Arquímedes


En concreto Arquímides se referería a la ley física de la palanca, sin embargo, cuando leí esta frase por primera vez, no pude evitar pensar en el apoyo emocional.

Desde que nacemos y en el desarrollo de nuestra vida alimentamos el sueño de la emancipación individualista. Las estructuras socioeconómicas nos empujan hacia comportamientos competitivos, alejados muchas veces de estructuras más horizontales y cooperativas. Fue en 1972, durante el gobierno socialdemócrata de Olof Palme en Suecia, cuando se publicó el manifiesto: “La familia del futuro: una política socialista para la familia”. En este documento se explicaba la importancia de consolidar un estado de bienestar lo suficientemente fuerte, como para que las personas pudieran evitar cualquier vínculo no deseado. Si bien esto fue pensado sobretodo para liberar a las mujeres de las tareas de cuidados socialmente adjudicadas a este colectivo, una década después, este manifiesto, reinterpretado por políticas neoliberales, sentaría las bases del modelo individualista en el que vivimos actualmente.

El apoyo que damos y recibimos con otro nos ayuda a crecer y a sentirnos parte de un colectivo, parte de una estructura que depende de nosotros, tanto como nosotros dependemos de ella. Esta situación nos coloca en un lugar donde nos sentimos útiles, reconocidos y donde nuestras acciones encuentran validación y entendimiento. Como seres humanos, necesitamos que crean en nosotros. En un sentido evolutivo siempre hemos necesitado apoyo: para comer, para vestirnos o incluso para desplazarnos. De hecho, la mirada de un adulto a un bebé contribuye a la estructuración de su cerebro social.




Lo cierto es que necesitamos apoyo emocional a lo largo de nuestra vida. Es sano ser capaces de pasar de la dependencia a la interdependencia. De hecho, esta idea de estar conectados y formar una red de apoyo, no solo abarca las relaciones humanas, sino también las que tenemos con nuestro entorno.

El apoyo que necesitamos en ocasiones viene de amigos, parejas o familia; sin embargo, ya sea por la escasa educación que tenemos (y tuvieron nuestros educadores o padres) en inteligencia emocional o por las condiciones cada vez más frecuentes de aislamiento e individualismo en las que vivimos, esto algunas veces no ocurre. La terapia funciona también como un lugar donde podemos entregarnos al proceso y encontrar el soporte que naturalmente, como seres humanos, necesitamos.

Sentirnos apoyados emocionalmente es esencial para nuestro crecimiento interno. Es un factor ineludible en el proceso de maduración y además resulta indispensable para mejorar nuestro estado de ánimo, confianza y nuestro autoestima.



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